Profesora de Hatha Yoga, guía de meditación y creadora de Sangananda

Detrás de Sangananda está Raquel Encinas.
Acompaño a personas que quieren acercarse al yoga, a la meditación o a ambas prácticas, desde una perspectiva práctica, progresiva y basada en la experiencia directa.
Mi intención es ofrecer un espacio donde cada persona pueda detenerse, observarse y descubrir, desde su propia experiencia, una forma más clara y consciente de relacionarse consigo misma y con la vida.
No se trata únicamente de realizar posturas o aprender técnicas de meditación, sino de desarrollar una atención más estable que nos permita reconocer sensaciones, pensamientos, emociones, tensiones y formas habituales de reaccionar.
Mi camino
Antes de dedicarme a la meditación y al yoga, estudié Ingeniería Técnica en Topografía e Ingeniería en Geodesia y Cartografía. Trabajé durante veinte años en distintos sectores y empresas, ocupando puestos que, aunque profesionalmente podían parecer interesantes, no terminaban de responder a una necesidad más profunda.
Con el tiempo, la vida me fue llevando hacia una búsqueda más humana, más real y más conectada con lo esencial.
Meditación
La meditación llegó en un momento en el que algo en mí necesitaba detenerse. El cuerpo pedía bajarse de un tren en marcha a ninguna parte, mientras la mente seguía sosteniendo la idea de que no debía hacerlo. En ese cruce comenzó una etapa de práctica, escucha y transformación.
Durante años, he realizado más de 450 horas de formación teórico-práctica en meditación, entre la participación en cursos y retiros de práctica intensiva, además de mantener una práctica personal continuada. Este recorrido abrió una comprensión más profunda de la práctica meditativa, no solo como técnica, sino como una forma de mirar, vivir y reconocer la realidad.
Yoga
El yoga apareció después, y fue integrándose también en este recorrido. El trabajo con el cuerpo, las posturas y la respiración abrió otra forma de explorar la misma experiencia: no únicamente desde la quietud, sino también mientras nos movemos, realizamos un esfuerzo, encontramos una dificultad, buscamos el equilibrio o aprendemos a reconocer nuestros propios límites.
Mi formación en yoga incluye el Certificado de Profesionalidad en Instrucción en Yoga, de 550 horas de formación, que comprende técnicas específicas de yoga, āsana y prāṇāyāma, relajación y meditación, programación y metodología de la enseñanza, primeros auxilios y prácticas profesionales.
Finalmente, dejé atrás mi profesión como ingeniera para dedicar más tiempo a la práctica, la formación y la enseñanza del yoga y la meditación.
Sangananda nace de ese recorrido, y sigue desarrollándose en esa unión entre práctica personal, vocación, experiencia vital y deseo de compartir un camino que sigue desplegándose.
Eternamente agradecida a los Maestros que la vida ha puesto en el camino.
Mi forma de acompañar
Una práctica basada en la experiencia
No entiendo el yoga como la búsqueda de una postura física perfecta, ni la meditación como una técnica rápida para escapar de lo que sentimos, ni como una forma de forzar calma o controlar la mente.
Tanto en yoga como en meditación, la práctica que comparto parte de algo más sencillo y más profundo: detenernos, observar y comprender lo que realmente está ocurriendo.
Durante una práctica de yoga podemos observar el cuerpo, la respiración, el esfuerzo, las resistencias y las reacciones que aparecen mientras nos movemos o permanecemos en una postura.
Durante la meditación podemos observar las sensaciones, la respiración, los pensamientos, las emociones, el silencio y el propio movimiento de la atención.
Las condiciones son distintas, pero la exploración comienza de la misma manera: entrando en contacto con la experiencia antes de interpretarla o intentar modificarla.
El objetivo no es hacerlo perfecto, sino reconocer poco a poco qué ocurre en nuestro interior, cómo nos relacionamos con lo que pensamos y sentimos, y desde dónde podemos vivir con más claridad.
Una práctica progresiva y adaptada
Cada persona llega con un cuerpo, una historia, una experiencia y unas necesidades diferentes.
Por eso no propongo una única forma de practicar ni considero que todas las personas deban avanzar siguiendo exactamente el mismo recorrido; el acompañamiento busca ser cercano, respetuoso y sin rigidez, ofreciendo orientación sin imponer una forma única de practicar.
En yoga, las posturas pueden adaptarse a las posibilidades de cada cuerpo y al momento de cada persona. En meditación, la práctica puede comenzar utilizando referencias concretas que ayuden a estabilizar la atención y profundizar progresivamente hacia formas de observación más abiertas.
Tener experiencia previa no es necesario. Si ya existe una práctica previa de yoga o meditación, el acompañamiento puede orientarse a profundizar en ella y explorar aspectos que quizá hayan pasado inadvertidos.
Lo importante no es alcanzar un determinado nivel, sino comprender cada vez mejor qué estamos haciendo, qué ocurre mientras practicamos y qué podemos descubrir a través de esa experiencia.
Sangananda es la forma que ha tomado este camino: un lugar desde el que recordar que el yoga y la meditación no están separadas de la vida, sino que son caminos que nos llevan a habitarla de una forma más presente, honesta y profunda.