Qué aporta la meditación y para qué meditar

Mucha gente se pregunta qué aporta la meditación, y para qué va a sentarse y dedicar su tiempo a meditar.

Hay quien confunde la meditación con la relajación. Otros opinan que meditar es sentarse en quietud y en silencio para no hacer nada, o para dejar la mente en blanco, frustrándose entre el aburrimiento y la impotencia de no poder parar de pensar.

La realidad es que no podemos controlar los pensamientos que surgen de forma espontánea e involuntaria de la mente.

Lo que sí podemos hacer es colocarnos en un lugar interno y estable, desde el que observar con atención la dinámica y la temática de esos pensamientos, cómo aparecen y cómo se van, de qué nos hablan… y eso sólo es posible si permanecemos en quietud, observando en silencio lo que ocurre desde la distancia, con desapego, sin juicios, sin tratar de callar o cambiar los pensamientos, y sin identificarnos con ellos.

¿Qué tiene de interesante observar pensamientos?

Desde que nacemos, junto con las experiencias que vamos viviendo, la mente humana se va formando hasta adquirir el hábito de generar pensamientos sin ningún control. Esos pensamientos son en su mayoría repetitivos sin que, afortunadamente, apenas seamos conscientes de los alrededor de 60.000 pensamientos diarios que aparecen.

Lo relevante no es que existan más o menos pensamientos:

  • Lo relevante es que si somos capaces de observar los pensamientos, es porque no somos esos pensamientos, sino quien los observa.
  • Lo relevante es cómo nos identificamos con algunos de esos pensamientos, y la forma en la que esa identificación condiciona y limita nuestra forma ver y entender la vida.
  • Lo relevante es la forma en la que ese bucle incesante de pensamientos recurrentes, lleva en muchas ocasiones a darnos cuenta de que hay cosas que no ocurren como nos gustaría que ocurriesen, y lo que nos gustaría que ocurriese no ocurre, generando cierta confusión y tensión, al no conseguir que se cumplan deseos y expectativas.

Observar con atención permite conocer

La meditación es la técnica que mejor nos puede ayudar a centrar la atención, salir de mecanismos automáticos de la mente, ver con claridad, y por tanto conocer, la realidad que está sucediendo de forma objetiva, y los pensamientos que emergen tratando de interpretar y dar un significado a esa realidad.

Ante el mismo hecho objetivo, cada persona reacciona de una forma diferente en base a la interpretación y significado que le asigne. Sin darnos cuenta, damos más veracidad a la interpretación que al hecho objetivo que está sucediendo.

Quizás no nos inquieta tanto lo que sucede, como la interpretación que hacemos de lo que sucede.

Conocimiento superficial y conocimiento profundo

Los seres humanos tenemos una tendencia innata a querer conocer. Queremos conocer por qué suceden ciertos acontecimientos, conocer cuál es su funcionamiento, conocer si podemos intervenir de algún modo, conocer todo lo posible sobre una situación, persona o cosa, y más cuando ese algo nos afecta de forma directa.

Sólo permaneciendo como testigos, observando con atención los mecanismos de la mente, sin dejarnos arrastrar por los pensamientos que genera, tendremos la posibilidad de adquirir un conocimiento profundo de eso que queremos conocer. No es lo mismo conocer de manera superficial que de manera profunda.

El conocimiento superficial llega rápido aportando esquemas muy básicos, genéricos y limitados, que sólo sirven como punto de partida. La realidad es compleja de por sí, y un conocimiento superficial de la misma nos lleva a hacer interpretaciones erróneas, a ver cosas donde no las hay. Conocer de verdad requiere de tiempo para poder indagar poco a poco, eliminando lo superfluo hasta llegar a lo profundo, en un viaje con un recorrido apasionante que nos lleva al corazón de la existencia, al motor de la vida.

Entonces ¿la meditación no lleva a la relajación?

Sí y no. La relajación, sin ser el objetivo final de la meditación, llega cuando nos establecemos en la presencia natural de quien está observando con atención, y no en quien se identifica y se mueve al son de unos pensamientos interpretativos que no paran de moverse a su alrededor. Y más importante aún que relajarse, es observar nuestro interior para darnos cuenta de qué es exactamente lo que nos inquieta, por qué nos inquieta, y de dónde surge la inquietud, porque sólo así podremos responsabilizarnos de encontrar una salida sin depender de nada ni nadie externo.

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